LUMPEN

Escucho a muchos hablar sobre el lumpen como algo de baja calaña, no creo que sea una baja calaña, el lumpen simplemente se dedica a vivir, sobrevivir porque en sí es lo que hacemos todos, muchos lo hacen sin esclavitud.

Me siento al margen de todo, incluso creo que tengo el don de la invisibilidad porque escribo entre coladas, fregonas y escobas, porque en mi mundo pensar no es prioritario y sentir menos todavía.

Cuando se es ama de casa voluntariamente, bien, pero una vez pasa el periodo voluntario y se quiere salir es realmente complicado. Sobre mis espaldas cae todo el trabajo y responsabilidades que los demás no pueden llevar a cabo, no es sólo la carga emocional que ello conlleva sino, además, la ausencia de espacios genuinos y propios en donde la más absoluta pasión de vivir florezca.

Muchas mujeres que cobran en negro están bajo la esclavitud de sus familias, porque somos mujeres sin mundo, somos mujeres vaciadas, somos “marujas” que se nos supone culturalmente incapaces, socialmente dependientes, económicamente gobernadas, sin derechos ni sindicato, porque limpiar lo que los demás ensucian es lo que tiene, porque trabajar sin opciones es lo que tiene.

¿Pertenezco al lumpen? Ni literariamente se nos supone. Somos el escenario literario colateral.

Aunque a muchos les joda, de lo que hablo es de la esclavitud. Quizás quien vea la tele basura no sea una “maruja”, porque a esas horas hay que ir al colegio a recoger a los niños, parque, ducha, cena, recoge, limpia, prepara mochilas de los niños para el día siguiente, etc. Muy difícil hacer ambas tareas.

Ni somos lumpen ni nada de nada, el más absoluto abismo para que muchos intelectos manifiesten el tedio y aburrimiento que les provocamos, porque se nos supone además ausentes y sin capacidad de reflexión, porque suena aburrido explicar que hoy has fregado el suelo de casa o sacado el polvo, las hay con suerte y se lo hacen, los hay con suerte que ni se preocupan, así habla la minoría que lamentablemente ejecuta nuestros destinos, enfoca el pensamiento y estipula el conocimiento.

Curioso cómo los deportes dignifican al hombre pero ni tan siquiera limpiar la letrina de mi propia casa me dignifica. He creído oportuno reivindicar desde mis silencios mi ausencia de pertenencia. Los hombres me han puesto etiquetas en todas las facetas de mi vida, en televisión, en literatura, en música, soy la carne para ser follada, soy la carne que limpia, soy la que va por la calle, sin identidad alguna, sin seguridad social, sin una ong a la que pueda acudir, porque este problema no puede considerarse un problema.


Lamento la inexistente mirada que traspasa el alma, la mirada profunda capaz de sentir mis abismos y pasiones contenidas, porque la mirada ya no reconoce lo que soy, se ha quedado en ese envoltorio, ahora ya no me mira, soy la pieza más desagradable del escenario que lejos de reconocerse, ha de esconderse.

Reconocerme a mí es reconocer la consecuencia, la dependencia que se me tiene, el miedo a perder lo necesario, alguien tiene que limpiar la letrina, así que necesariamente me presuponen responsabilidades sin vindicación ninguna de lo que realmente soy, mujer y madre y sobretodo un ser libre.

El 92 por ciento de diagnosticados casos de fibromialgia son mujeres, no importa la causa, la mayoría de mujeres han sufrido o sufren depresión, no importa, somos nosotras un diseño defectuoso. Somos nosotras y nuestro problema existencial.

Quizás mi vida entre fregar platos, coladas, griterío de niños sea aburrida, porque ni soy violada, ni soy una prostituta (a ella le pagan por sus servicios), los míos son voluntarios por los cojones y gratuitos, las prostitutas tienen un macarra pero yo soy invisible, con suerte ni me maltratan físicamente ni psíquicamente, el sexo sin ganas sigo sin cobrarlo. Sin ser, soy usada.

Soy amada con sentido de pertenencia, trago las películas de pistolas, bombas, sin chistar, para ser objetivo de burlas en cuento veo una película “romántica”.

Si me expreso emocionalmente soy incomprendida porque en el fondo tal como Beaovoir nos explica en Mujer Rota, lo soy porque me da la gana, aunque no importe que quiera salir, aunque sea sin medios y los demás sigan constriñéndome el cuello.

El lumpen lo siento porque después de recoger vomitadas, de alguna borrachera de los que viven en mi casa, alguna rata muerta, alguna infestación de cucarachas, eso no cuenta. No cuenta cuando la pluma y el papel gritan ser puestas en marcha y, mis manos en una letrina sucia porque unos cuantos culos que han pasado por mi casa han cagado en ella.

Sí yo soy lumpen, sin conciencia ni escenario, porque suficiente trabajo tengo en contenerme a mi misma y sobrevivir, soy algo que nunca citó Marx porque esa esclavitud incluso en su ideario era necesaria. Somos madres que al salir del escenario social difícilmente entramos, aunque la salida del escenario social sea justificable, cuando entras no sales.

Llego a casa y la dichosa letrina no se limpia sola.

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