¡Qué bonito es el verano!

Ayer fue tarde de playa, de ver los cuerpos quemados, de escuchar los ecos de conversaciones extrañas y borracheras de sol y calimocho. 

Un tipo mira a su mujer y alargando el brazo, ésta, en un gesto de gran inteligencia telepática, le entrega un frasco de aceite; el hombre se unta con una devoción a sí mismo sin parangón, mira su bola del brazo, puro músculo blandengue y vuelve a untarse, es el hermano calorro de Poseidón, una vez termina de manosear su piel chamuscada, se espatarra, deja el aceite a su lado y vuelve a alargar el brazo, su mujer en un acto de inteligencia digna de un premio nobel, le da una cerveza fría, él cierra los ojos y sumido en su éxtasis particular se desconecta de todo. Los niños tienen hambre, su mujer prepara la merienda, recoge los juguetes esparramados, ordena las toallas; los niños comen entre risas mientras, el padre está en su éxtasis. 

¡Qué bonito es el verano! Pronto será fin de año y comeremos las uvas, será cuestión de prepararse.

El tufo

Huele a recocido, a churrasco y a sardinas a la brasa, tantos cuerpos, tantos olores y una sola nariz, la mía, una protuberancia expuesta a los olores del verano, a todo lo anterior, le añadimos una pizca de estiércol vertido en el campo como lluvia dorada y ya tenemos cóctel estival. 

Me encierro en casa, las ventanas están selladas con tesamoll, cualquier precaución es poca, aún así el tufo penetra hasta violar mis neuronas, en fin, pronto llegarán los carnavales y danzaremos con otra máscara más que ponernos en esta vida. ¿Dónde están las cervezas?